| El arte del tarot se asienta
sobre la creencia de que nada se debe al azar sino que, por el contrario,
todo cuanto acontece es el resultado de una ley preestablecida. Las
cartas, cualquiera que sea el orden en que se mezclen, siguen mágicamente
ligadas entre sí y su influencia gravita sobre los seres a
los que están sujetas. El adivino debe estar dotado de suma
penetración. Las cartas del tarot, en virtud de sus palos y
grafismos, viven y estimulan el don de presciencia del cartomántico,
a quien imponen concentración espiritual y obligan a aguzar
los sentidos del subsconsciente. |
Interrogar el tarot es buscar la verdad,
un absoluto situado más allá de la ilusión. Es
marchar hacia el mundo mágico del Karma, que puede ser aprehendido
después de establecer una ruptura con los múltiples
bienes de la vida cotidiana.
El tarot, el más rico de los juegos por la aportación
de su simbolismo desarrolla la intuición y la perspicacia.
Todos los símbolos tienen una fuerza activa y permiten atravesar
la línea de vida del interlocutor: de esta manera ponen al
descubierto el pasado de éste y prevén su porvenir. |